Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El señor va a una habitación donde estaba el escudo y apenas lo ve, lo reconoce y siente una gran alegría. Luego, regresa y le muestra a Lanzarote el mayor júbilo, diciéndole que se pone a su disposición para hacer lo que quiera. Lanzarote se lo agradece mucho.
Aquella noche se acostó a gusto y descansó, pues estaba cansado y agotado, y durmió hasta casi la hora de prima. Al despertarse, el sol hacía buen rato que había salido; la dama le preparó ropa de lino fresca y nueva, y él la tomó y se la vistió. Después, oyó misa y le prepararon comida. Luego, cuando terminaron de comer y levantaron las mesas, Lanzarote pidió las armas, y el señor le rogó que se quedara otro día más, a lo que le contestó que no lo haría de ningún modo. Después de armarse y de montar a caballo, toma el escudo y pide una lanza, que le traen. A continuación, le dice a la doncella del lugar:
—Señora, ¿os acordáis de la condición que había?
—Señor, sí.
—Entonces os ruego que la cumpláis, tal como debéis hacerlo.
La dama le contesta que lo hará con mucho gusto; ordena que ensillen un palafrén y le pide a un criado que la siga.
—Señora —le pregunta el señor—, ¿a dónde vais?