Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Le contesta que sí y se quita el yelmo para que lo reconozca mejor. Cuando ve que es él, se pone muy contenta; le echa los brazos al cuello y le muestra la mayor alegría que puede, preguntándole qué aventura le ha llevado allí y cuándo llegó. Le cuenta cómo había perdido el caballo y que no podía entrar en el castillo; por eso había ido bajo los arbustos hasta que amaneciera.
—Señor, no habéis cenado y no comisteis en todo el día de ayer.
—Así es.
—Os voy a decir lo que haremos. Montemos en nuestros caballos y vayamos a casa de una prima mía que vive cerca de aquí, a una media legua, y allí encontraremos comida, bebida y hermosas camas, según nuestra voluntad.
Lanzarote le contesta que le parece bien, pues no hacen nada allí.
Montan y se dirigen hacia la derecha del camino, cabalgando hasta que llegan a la entrada de un bosquecillo; allí ven una casa con almenas, rodeada por fosos; tenía el puente levantado. La doncella le da una voz al portero, que la reconoce y sale en calzas y en camisa a bajarles el puente.
—Ve de inmediato —le dice la doncella— y despierta a mi prima; dile que le traigo a un caballero por el que se pondrá muy contenta cuando lo conozca.