Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor —añade Lanzarote—, haced que me traigan mis armas, pues no quiero seguir más aquÃ.
El señor ordena que se las traigan, pero antes hace que coma algo; a continuación, le entrega las armas y Lanzarote las toma. Después de armarse, el señor le pregunta que a dónde quiere ir y Lanzarote le contesta que le gustarÃa estar en el castillo que hay sobre la montaña.
—Dios os guarde de ir allÃ; yo no os lo aconsejarÃa de ningún modo, pues hace más de cinco años que no ha entrado ningún caballero que no haya muerto o haya sido apresado.
—¿Cómo es eso? Tenéis que decÃrmelo.
—Con mucho gusto. Hace un año y más que un caballero guarda la entrada y no entra nadie que no haya sido vencido por las armas; por eso no os aconsejarÃa que fuerais allÃ, pues no os podréis marchar sin combatir.
—Por Dios, no dejaré de ir de ningún modo, pues allà perdà mi caballo ayer por la noche y no sé cómo fue.
—Ya que tenéis tales deseos de ir, os acompañaré y veré el honor que Dios os envÃa; de aquà a allà os contaré por qué la batalla no debe producirse.