Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Después, la dama se vuelve, muy triste porque Lanzarote no se ha quedado más con ella. Lanzarote cabalga solo, triste y contento: triste, porque no tiene noticias de Lionel; contento, porque piensa encontrar pronto a Héctor. Empezaba a hacer mucho calor y le resulta pesado cabalgar; se quita el yelmo, que le molestaba, según le parece, y se lo entrega a un escudero que había encontrado en el camino. Cabalgó de esta forma hasta la hora de nona, en que entró en un bosque viejo y antiguo. A la entrada se encuentra con una capilla en la que había un ermitaño de vida muy santa; alrededor de la capilla había un cementerio y a la entrada una cruz y un gran poyo de mármol. Mira el poyo y ve unas letras rojas que decían: «Escucha, caballero andante, que vienes por aquí en busca de aventuras, si no quieres morir, no entres en este bosque, pues no podrías escapar de él sin muerte o afrenta».
El escudero leyó aquellas letras y le dijo a Lanzarote:
—Señor, ¿entendéis bien lo que las letras quieren decir?
—Sí.
—Entonces no seguiréis, pues el cartel lo prohíbe.
—Y tú, ¿a dónde vas a ir?
—Señor, a un castillo que hay al otro lado del bosque.