Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor —dice BanÃn—, aceptad mi prenda, pues le acuso porque he visto y oÃdo la traición que cometió contra su señor natural.
A Claudás le gustó lo que acababa de oÃr, pues odiaba al senescal por la traición que habÃa cometido, y buscaba el modo de evitar el cumplimiento de la promesa que habÃa hecho. Le preguntó al senescal qué iba a hacer:
—Señor —contestó éste—, aconsejadme vos mismo, pues BanÃn me odia por vuestra culpa y por eso me ha acusado de traición, y no por otra cosa.
—Os daré mi consejo: si os consideráis inocente, enfrentaos a él, pues sois tan fuerte, corpulento y valeroso como BanÃn. Si pensáis que su acusación es falsa, defendeos inmediatamente; al menos, asà lo harÃa yo, si hubiera sido acusado de forma ofensiva. Ni vos ni él os debéis preocupar por nadie más. Si no os defendéis, os reconoceréis culpable de traición.
Claudás lo convenció y ambos aceptaron entregarle los gajes; después, se dirige al senescal diciéndole: