Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por mi fe, es admirable que nadie regrese de él; me parece que es el Camino sin Retorno; que Dios no me vuelva a ayudar si dejo de ir por algo y si no me entero qué ocurre con todo.
—Que Dios os ayude, pues nunca temà tanto por nadie de los que fueron como temo por vos.
Aquella noche Lanzarote estuvo lo más a gusto que el ermitaño pudo y por la mañana, cuando se levantó, éste le cantó la misa del EspÃritu Santo; después, se armó Lanzarote y encomendó al ermitaño a Dios. El santo hombre, al verlo marchar, le ruega a Nuestro Señor que lo ponga a salvo.
Lanzarote entra en el bosque con el escudero, al que le pregunta que a quién sirve.
—Al rey Pelés de la Tierra Foránea, que me envÃa como mensajero al Duque de Oc.
Cabalgan hasta después de la hora de prima a la sombra del bosque, hasta que se encuentran a una doncella que llevaba un perro faldero en los brazos. Lanzarote se habÃa quitado el yelmo por el calor que comenzaba y tenÃa el rostro al descubierto; saluda a la doncella cuando ya está cerca de ella y ésta no dice nada, sino que lo mira, pues le parece tan hermoso que se queda muy sorprendida, se detiene para verlo mejor y Lanzarote se pregunta, sorprendido, por qué lo mira de tal forma:
—Doncella —le dice—, ¿qué os parece?