Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —¡Ay! Buena ciudad, honrada desde antiguo, poblada de hombres nobles y leales, casa y sede real, hostal de justos jugadores, refugio de gozo y alegrÃa, corte llena de buenos caballeros, ciudad honrada por valiosos burgueses, paÃs lleno de leales vasallos y buenos señores, tierra repleta de todo tipo de cosas buenas, ay, Dios, ¿quién podÃa soportar el dolor de ver la destrucción de todo esto por salvar la vida de un niño? ¡Ay! Buen sobrino Lambegue ¡Ojalá quisiera Dios, que por vosotros padeció muerte, que yo me encontrara en tu lugar! Por Dios, me gustara o no, yo irÃa al rey Claudás para evitar el dolor del feliz reino de Gaunes, pues serÃa una muerte muy noble y buena la que produjera tanto provecho en la tierra.
Tras estas palabras guarda silencio, no dice nada más y empieza a llorar con amargura. Lambegue se le acerca y le dice:
—Señor, señor, no os lamentéis, pues por la fe que os debo, os aseguro que a cambio de salvar mi vida no se perderá la ciudad y si voy a conquistar tan gran honor como habéis dicho, me entregaré a la muerte con tranquilidad y alegrÃa.