Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Buen sobrino, te equivocas, pues a pesar de lo que estaba diciendo, no deseo tu muerte ni recomendaré tal cosa: que Dios no me permita verla; esperaremos la misericordia divina y si no nos llegan socorros, lo peor que nos puede ocurrir es que salgamos a enfrentarnos con la hueste enemiga; tal vez tuviéramos la suerte de vernos libres para siempre.
—Todo eso no será necesario, ya que al entregarme yo, la ciudad podrá quedar en paz sin que haya ningún herido.
—¿Cómo?, buen sobrino, ¿de verdad te vas a entregar a Claudás?
—SÃ, mi buen tÃo, de verdad. No volverá a cometer daño; ya que mi muerte puede salvar a una ciudad tan hermosa y a tantos valientes como hay en ella, debo hacerlo; y a vos mismo os he oÃdo decir que si estuvierais en mi lugar, irÃais, decidido, a la muerte. Del mismo modo que vos lo harÃais, yo quiero hacerlo, pues bien sé que no harÃais nada deshonroso.
—Buen sobrino, ya veo que estáis decidido a ir: lo siento mucho, pero me parece bien. Lo siento porque nada podrá guardarte de la muerte; me parece bien porque ningún caballero habrá muerto con tanto honor como tú, pues por ti quedará a salvo todo el pueblo de este paÃs.
Inmediatamente después, Lambegue va a donde están los nobles, los llama y reúne, diciéndoles: