Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por mi fe, os lo voy a decir. Cuando el rey Uterpandragón reunía sus cortes en las altas solemnidades y los compañeros de la Mesa Redonda estaban sentados a comer, los clérigos que ponían las aventuras por escrito —tal como se las contaban los valientes a los que les habían ocurrido—, cuando ya estaban todos dispuestos, iban mirando por las mesas a ver si se había sentado alguno que no estuviera herido en el rostro: porque en aquel tiempo era costumbre que no se sentara nadie que no estuviera herido. Vi una aventura que tuvo que ser pagada muy cara, en una fiesta de Navidad. El rey había reunido la corte en Carduel, en Gales; el valiente Uterpandragón, que quería más a los pobres caballeros que nadie, había convocado a mucha gente; cuando ya estuvieron todos juntos y sentados a las mesas para comer, avanzaron los clérigos que se ocupaban de eso y encontraron que entre los demás había un caballero joven, valiente y esforzado de corazón y de alto linaje, pero que no tenía ninguna herida ni rastro de sangre. Cuando lo vieron se lo mostraron a los demás, que lo miraron, porque no debía sentarse, ya que no tenía el signo de la Mesa: hicieron que se levantara y que abandonara la Mesa. El caballero, al ver esto, sintió una gran tristeza y dijo que no sería apartado otra vez por carecer de heridas; fue a su alojamiento y tomó las armas; luego regresó a la corte y vio a una doncella que estaba sirviendo al rey: ante todos la cogió y la colocó en el cuello de su caballo, llevándosela. Nadie, por atrevido que fuera y ocurriera lo que ocurriera, a no ser que fuera el mismo rey, osaba levantarse antes de que las mesas fueran quitadas. La doncella tenía tres hermanos compañeros de la Mesa Redonda, que no esperaron hasta que los otros acabaron de comer, sino que se levantaron de sus asientos y fueron a buscar sus armas.