Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora, me envía a vos un caballero que me ha vencido por el valor de sus armas, porque yo tomé venganza sobre esta doncella a despecho suyo y ahora os voy a decir cómo ocurrió todo. A esta doncella que aquí yace muerta la amé tanto que por su amor me casé con ella, aunque yo era hombre rico de tierras y de amigos y ella era pobre muchacha. Mucho tiempo estuve con ella, manteniéndola con grandes honores y en un puesto tan alto como si fuera reina; por su amor y por honrarla más la había dejado en el castillo y me había ido en busca de extrañas aventuras, tal como hacen otros caballeros de aquí, y no había nada que yo pudiera hacer que no lo hiciera por su voluntad. El otro día, por casualidad, planté uno de mis pabellones en el lindero de un bosque y la dejé durmiendo a solas una noche; entré en el bosque, porque había oído una voz y quería saber qué era. Después de encontrar lo que iba buscando, permanecí mucho tiempo allí y volví al pabellón, encontrando acostado en mi cama a un caballero completamente desnudo con esta doncella. Al ver esto, me encolericé, tomé la espada de inmediato y maté al caballero, de lo que me he arrepentido, y saqué fuera del pabellón a la doncella, a la que arrastraba por las trenzas y golpeaba junto a mi caballo, cuando llegó un caballero y la socorrió, diciendo que me mataría si no la dejaba de inmediato. Al oír esto, me encolericé más y saqué la espada, le corté la cabeza a la doncella y se la arrojé al caballero en medio del rostro, diciéndole que lo hacía a despecho suyo: me atacó de inmediato, dispuesto a matarme y cuando vi que llevaba la espada desenvainada, no me atreví a esperarlo, pues parecía hombre al que se debía temer y me di a la fuga tan rápidamente como pude; pero me siguió hasta que me alcanzó en mi propio castillo y allí me venció y me hubiera matado si yo no le hubiera pedido piedad, y por eso me dejó. Me dijo entonces que como reparación ante las damas y las doncellas por haber matado de tal forma a esta doncella, debía traerla ante vos y si vos veíais que yo merecía la muerte, que os entregara mi espada y permitiera que vos o cualquier otro me matara, porque sería justo.