Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Después de Pascua, a la entrada de mayo, Lanzarote vio los árboles llenos de hojas y de flores y vio el verdor que hacía que su corazón se alegrara, y veía las rosas que todos los días se abrían frescas y rojas, recordándole a su señora la reina, por el rostro claro y sonrosado, que la rosa le traía a la memoria; en efecto, cuando miraba la rosa, le parecía que tenía el color de su dama y no sabía si era más sonrosada la flor o su señora, y eso le hacía perder el sentido. El domingo por la mañana, Lanzarote se levantó al oír a los pajarillos que cantaban y se dirigió a una de las ventanas enrejadas, sentándose en ella a contemplar el verdor; permaneció allí hasta que el sol se extendió por el jardín. Mira entonces el rosal y ve una rosa recién abierta que era fácilmente dos veces más hermosa que todas las demás.
—Del mismo modo vi a mi señora más hermosa que las demás en el torneo de Camalot, y ya que no la puedo tener a ella, debo tener esta rosa que tanto me la recuerda.
Alarga la mano por la ventana y la tiende para coger la rosa, pero no alcanza en modo alguno, pues estaba demasiado lejos. Retira la mano y mira las rejas de la ventana, y las ve extraordinariamente fuertes.
—¿Qué es esto? ¿Acaso me podrá impedir una fortaleza que yo no haga mi voluntad? Ciertamente, no.