Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ya que no tenéis otro protector, tenéis que iros, pues no podéis permanecer aquà de ningún modo.
—Señor, dadme alojamiento hoy, y mañana, tan pronto como vea el dÃa, me iré. Tened por seguro que un favor tan grande como ese os lo podrÃa devolver en esta tierra o en otro lugar.
—Esas palabras son vanas. Por mi cabeza, tenéis que iros, queráis o no, pues no quedaréis aquà por más fuerzas que tengáis.
—Buen señor, ¿a dónde podrÃa ir? Este bosque es tan grande y resulta tan fácil perderse en él, que serÃa incapaz de mantener una senda o un camino y por eso no puedo irme.
Cuando el caballero oye estas palabras empieza a encolerizarse como hombre orgulloso y fanfarrón, va al yelmo de Lanzarote, lo coge y lo arroja fuera del pabellón; luego corre a una maza de plomo, grande y pesada, y le dice que le dará con ella en la cabeza si no se va de inmediato y rápidamente, pues no le agrada que se quede allÃ. Lanzarote se enfada mucho y piensa vengar esta afrenta antes de irse. Sale del pabellón sin decir nada al caballero y va adonde ve su yelmo, lo toma y se lo ata en la cabeza; luego regresa a su caballo y le pone el freno. Cuando ya está dispuesto, lo ata a una encina, toma el escudo y regresa al pabellón y dice: