Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando ya estaban cerca del pabellón, los caballeros y los seguidores descabalgaron y corrieron a ayudar a desmontar a una doncella que era suya, y la bajaron del carro en el que iba; era un carro cubierto de una seda roja para que el calor no dañara a los que estaban dentro. Después de apearse, llevaron a la doncella a que descansara donde estaba Lanzarote. Apenas la vio venir, se puso en pie, pues era de gran belleza y parecía mujer noble y alta dama.
—Dulce señor —le dice—, sentaos, pues quizás estáis más cansado y más fatigoso que yo.
Se sienta y la doncella hace lo mismo, diciendo a sus acompañantes:
—Traedme a Elián el Blanco.
Las muchachas van al carro del que habían bajado y toman a un niño pequeño al que sostenía una doncella en el regazo; se lo llevan a su señora. El niño es tan joven que no tenía más de dos años. La doncella lo toma y empieza a besarle los ojos y la boca y a mostrarle tan gran alegría como si fuera Dios mismo. Lanzarote lo contempla y le parece tan hermoso y agradable como nadie, y cree que nunca ha visto tan bella criatura; luego, pregunta de quién es el niño.
—Señor, mío. ¿No es hermoso?
—Sí, ciertamente; nunca vi a ninguno tan bello de su edad.