Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El rey concede entonces a la dama sus deseos y ella se lo agradece; le entrega al muchacho las dos acémilas y los dos mejores palafrenes del mundo, que son completamente blancos, y le deja, además, cuatro criados para que le sirvan.
Con esto se despidió la dama, aunque el rey le pidió y suplicó que se quedara, pero ella le respondió que no podía ser de ninguna manera.
—Señora —le dice el rey— ya que a pesar mío no queréis quedaros, decidme quién sois y cómo os llamáis, pues me gustaría saberlo.
—Señor, a un hombre tan noble y valiente como vos no debo ocultarle mi nombre, y os lo voy a decir: me llaman la Dama del Lago.
El rey no se extraña, pues nunca había oído hablar de ella. Inmediatamente después, deja la dama al rey y el muchacho la acompaña a la distancia de un tiro de arco, y ella empieza a hablarle diciéndole: