Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Entonces la reina toma por la mano al muchacho y le pregunta que de dónde es. Al oírla se sobresalta, como si acabaran de despertarlo, pues estaba tan ensimismado pensando en ella que ni siquiera sabe lo que le ha preguntado. La reina se da cuenta y le vuelve a preguntar:
—Decidme, ¿de dónde sois?
Él la mira con sencillez y le contesta suspirando que no lo sabe; la reina le pregunta que cómo se llama y el muchacho le responde que tampoco lo sabe. Entonces se da cuenta la reina de que está ensimismado y pensativo, pero no se atreve a pensar que sea por ella, aunque lo sospecha un poco; y por eso, deja de hablarle y —como no quiere que llegue a mayor locura— se levanta y, para que nadie piense una bajeza o advierta lo que ella se estaba imaginando, dice que este muchacho no le parece que esté en su cabal juicio y que, sea como sea, sabio o loco, que ha sido mal educado.
—Señora —le interrumpe mi señor Yvaín— ni vos ni yo sabemos cómo es y quizá tiene prohibido decirnos quién es y cómo se llama.
Ella le responde que tal vez, aunque había dicho todo lo anterior en voz tan baja que el muchacho no lo había oído.