Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Te ruego que me aconsejes lo mejor que puedas, según tu parecer.
—Por Dios, señor, no sé aconsejaros, pues es mucho el daño que le causasteis a Lanzarote, al que privasteis de sus tierras cuando era niño pequeño de cuna, y cuyo padre murió por el dolor que tuvo porque le habÃais quitado sus posesiones. Sé que nadie os podrá salvar si os apresa. En cuanto al rey Arturo, habéis cometido tantos daños que no quisisteis haceros vasallo suyo y pusisteis vuestras tierras bajo el dominio de Roma: no veo cómo pueden perdonaros su cólera.
—Ya que no sabes qué consejo darme, lo pensaré yo.
Se marcha y ve a un escudero, al que habÃa criado desde pequeño; lo llama y le dice:
—¿PodrÃa fiarme de ti?
—Señor, por Dios, ¿qué decÃs? Os aseguro que cualquier cosa que me digáis no la descubriré.
—Entonces, te diré lo que vas a hacer. Tengo que hablar con un santo ermitaño que hay lejos de aquÃ; llevaré abundantes riquezas para un asunto mÃo; para eso es necesario que prepares tres acémilas buenas y fuertes: una para mÃ, otra para ti y otra para que lleve las riquezas que te entregaré, y dos palafrenes para dos caballeros que me acompañarán.