Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, me habéis dado la muerte igual que yo a vos. Nuestro Señor os lo perdone, y así lo hago yo, pues ciertamente no os guardo ningún rencor, ya que lo habéis hecho por ignorancia. ¿Cómo estáis vos?
—Creo que no podré ver la noche, porque he perdido tanta sangre y tengo tantas heridas pequeñas y grandes, que no podré escapar.
—Es gran lástima y lo siento, por Dios, pues resultará admirable nuestra muerte, porque nunca murieron de tal forma dos caballeros que fueran amigos, como nosotros deberíamos sello, ya que por ser compañeros de la Mesa Redonda deberíamos ser como hermanos.
De esta forma yacen en el suelo uno en una parte y el otro en otra, hasta que llegó la hora de prima; entonces, le dice Héctor a Perceval:
—Señor, montad en vuestro caballo e id ahí cerca a la derecha del bosque, donde encontraréis a un ermitaño; decidle que venga a verme y que traiga a mi Salvador, pues nunca temí tanto morir como ahora.
—Por Dios, no puedo, y no creo que pueda volver a montar a caballo.
De esta forma permanecieron juntos los dos caballeros hasta que la noche llegó oscura y negra; estaba tan oscuro todo que no se podían ver el uno al otro.