Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Entonces se vuelve al pabellón que estaba en el lindero del bosque y al llegar a la puerta no encuentra al caballero. Abre, pero dentro no hay ni hombre ni mujer. Se queda sorprendido y con admiración se pregunta a dónde puede haber ido; mira a su alrededor sin encontrar nada. Vuelve a donde estaban las doncellas, pero no las ve. Entonces se siente afligido y encolerizado, y regresa al poyo en el que se habían quedado el mensajero y sus escuderos. El caballero le pregunta que cómo le ha ido.
—No he hecho nada —le responde—, pues la doncella se me ha ido muy a pesar mío.
A continuación le cuenta todo, «pero no cejaré hasta haber visto a la doncella».
Vuelve a montar y entrega la espada y el yelmo al escudero.
—¿Qué ocurre, buen señor? ¿Vais a seguir a la doncella?
—Sí, la buscaré hasta encontrarla.
—¿Cómo? Debéis prestar socorro a mi señora.
—Y lo voy a hacer; llegaré a tiempo, antes del día del combate.
—¿Qué sabéis de cuándo va a ser?
—Sé, porque se lo dijisteis a mi señor el rey, que aún no se había fijado, la fecha, ni el número de caballeros. Id a vuestra dama, saludadla de mi parte y decidle que voy en su ayuda, y que llegaré pronto.