Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Ahà está el pabellón, pero tenéis que hacer una cosa que os ruega esta doncella y yo también os suplico.
—¿Qué es?
—Que os ciñáis la espada y os pongáis el escudo al cuello, y que empuñéis la buena lanza que esta doncella le ha entregado a uno de vuestros escuderos.
—Con gusto llevaré el escudo y la lanza, pero no puedo ni debo ceñirme la espada hasta que reciba tal encargo de otra persona.
—Permitid al menos que la cuelgue del arzón de vuestra silla, y asà la podréis desenvainar si la necesitáis, pues os vais a enfrentar con un hombre muy cruel.
El caballero y la doncella se lo ruegan hasta que acepta: cuelga del arzón la espada, se pone el escudo al cuello y toma la lanza; después se dirige hacia el pabellón y allà encuentra al caballero grande, como la otra vez.
—Vengo a que me mostréis a la doncella, según me prometisteis ayer.
El guardián le responde que no la verá sin combatir.
—Si tengo que luchar, lo haré antes de verla; armaos, pues me tengo que ir pronto.
Entonces se pone en pie el caballero y empieza a reÃr porque el muchacho le habÃa dicho que se armara.