Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Daguenet —dice la reina—, por la fe que le debéis a mi señor el rey y a mí misma, ¿sabéis quién es?
—Señora, por Dios, no; y no me dijo ni una palabra.
El caballero llevaba la lanza del través y al oír hablar a la reina levantó la cabeza, abre la mano y se le cae la lanza de forma que la punta rasga la seda del manto de la reina.
Ella lo mira y le dice a mi señor Yvaín en voz baja:
—Este caballero no parece muy en su juicio; desde luego no tuvo mucho seso al dejarse apresar así por Daguenet, pues al menos podría haberse defendido un poco, y todavía no nos ha dirigido la palabra.
—Le voy a preguntar quién es. ¿Señor, quién sois?
El caballero mira a su alrededor y se encuentra en medio de una sala.
—Señor, soy un caballero, como podéis ver.
—¿Qué buscabais aquí?
—No lo sé, señor.
—Estáis prisionero —le dice Yvaín—, y yo respondo por vos.
—Eso me parece.
—Señor caballero, ¿me diréis algo más?
—Señor, no sé qué deciros.