Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora —dice—, veo que sólo podré irme si pago un vergonzoso rescate, si es que pretendo abandonar este lugar. Ya que es asÃ, prefiero descubrir algo que vaya en deshonor mÃo, y no de otro. En modo alguno os descubriré quién soy, ni cómo me llamo; si estuviera enamorado, por Dios, no os dirÃa de quién, mientras pudiera ocultarlo. Entonces, sólo me queda deciros lo otro, y os lo pienso decir, sea cual sea la deshonra que ello me provoque. Sabed, pues, que pienso realizar mayores proezas que las que he llevado a cabo hasta ahora, si se me pide. Ya habéis logrado que os descubra una cosa que me causará vergüenza continua; permitid que me vaya, si tal es vuestra voluntad.
—Ya es suficiente. Marchaos cuando queráis, pues ahora os conozco mejor que nunca. Por haberos tenido en forma honrosa, os ruego que me concedáis un favor que no os pesará, y lo digo más por vuestro provecho que por el mÃo.
—Señora, decid cuál es vuestra voluntad y obtendréis lo que deseáis, si puedo dar con ello.
—Muchas gracias, os ruego que os quedéis aquà hasta el dÃa del enfrentamiento; os prepararé un buen caballo y las armas que queráis: de aquà podréis ir al combate; ya os diré qué dÃa tendrá lugar.
—Señora, haré vuestra voluntad.