Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor —le dicen—, nos habéis hecho saber que habéis estado pensando en nuestras muchas afrentas. Os rogamos y suplicamos, como señor nuestro que sois y por la fe que nos debéis, que nos digáis cuáles son nuestras grandes afrentas.
—Si me hacĂ©is caso —contesta el rey—, lo dejarĂ©is estar, pues el asunto es tan grave que no sacarĂais ningĂşn provecho de Ă©l.
Le responden que no están dispuestos a ceder mientras puedan, e insisten en que se lo diga.
—Os lo voy a decir, ya que no querĂ©is dejarlo estar. Es cierto que estaba pensando en vuestras grandes afrentas. ÂżAcaso habĂ©is olvidado que fuisteis cuarenta de los mejores caballeros de mi mesnada, y que todos fuisteis elegidos mediante juramento para ir en busca del caballero de las armas rojas que venciĂł en el combate que mantenĂan nuestras fuerzas contra las de Galahot, y que volviĂł a vencer despuĂ©s, segĂşn creo? Los cuarenta jurasteis que no regresarĂais sin el caballero o sin datos ciertos sobre Ă©l: sin embargo, volvisteis los cuarenta sin haber cumplido vuestras promesas, y yo sigo sin tener noticias de Ă©l: os acuso a todos de embusteros, falsos y perjuros; en esas afrentas estaba pensando.
—TenĂ©is razĂłn —contesta mi señor Galván— y decĂs verdad: no es justo que nos acojáis en vuestra compañĂa, ya que hemos sido afrentados; por mi parte, no os causarĂ© ninguna otra vergĂĽenza.