Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por Dios, tened compasión de mà y no me retengáis en contra de mi honor; si queréis me quedaré, pero juro por los santos de esa iglesia —y tiende la mano hacia una capilla del rey— que me daré muerte mañana mismo si puedo; si me dejáis ir, volveré en cuanto tenga pruebas auténticas de quién es.
—Señor —interviene la reina—, dejadlo partir, ya que asà lo desea. Ha participado en otras muchas búsquedas y siempre ha vuelto, gracias a Dios; lo mismo hará esta vez, si Dios quiere.
—Señora —dice el rey—, es cierto, pero el corazón me dice que nunca volveré a verlo.
Se retira a una habitación y se deja caer sobre la cama, con un pesar que no se le alivia de ningún modo. La reina se queda con mi señor Galván y cuando éste ya se dispone a partir, se lo lleva a un lado y le dice:
—Buen sobrino, os vais sin saber a dónde.
—Señora, asà es.
—Os voy a decir cómo podréis encontrar al caballero, pero debéis prometerme que no se lo revelaréis a nadie, hombre o mujer, ahora ni nunca.
—Señora, asà será.
—Id a donde penséis que os podréis encontrar a Galahot, y os encontraréis en su compañÃa al caballero, si es que se le puede hallar en algún sitio. Es Lanzarote del Lago.