Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mientras tanto, mi señor Galván se coloca la ventana y se pone los guanteletes; Héctor le ata el yelmo y el senescal le entrega el caballo, que se apresura en montar. Héctor le lleva el escudo y el senescal la lanza, hasta que llegan a las marcas del lugar donde debÃa combatir. Al poco rato de estar allà ven llegar a Segurades: llevaba el yelmo atado y el escudo sujeto por las embrazaduras, como quien bien lo sabÃa hacer; avanza al galope a través de toda la landa, que era bien hermosa y grande, apresurándose como si llegara tarde. Cuando ya estaba cerca, Héctor le entrega a mi señor Galván el escudo, y el senescal le da la lanza.
—Nos vamos allà —le dice Héctor—, pues no podemos permanecer por más tiempo en este sitio. Ya llega Segurades; por Dios, recordad en todo momento vuestra honra y quién sois.
—Marchaos, marchaos, y perded cuidado.
Los abraza a ambos y luego los encomienda a Dios. Ellos dos se quedan admirados, preguntándose quién puede ser aquel hombre que se comporta con tanta firmeza.