Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Entonces le ataca mi señor Galván, le sacude sobre el yelmo grandes tajos con la espada, cargándole de golpes de tal modo que no puede mantenerse en pie, titubea y tiene que apoyarse con una de sus manos en el suelo. Cuando piensa reincorporarse, Galván le ataca de nuevo, golpeándole con su propio cuerpo y con el escudo, y lo derriba nuevamente, dejándolo tirado cuan largo era; a continuación, se echa sobre él, y sin más tardar le rompe los lazos del yelmo, se lo quita y le da grandes golpes con el pomo de la espada en el rostro y en la frente, de forma que numerosas mallas de la cota se le meten en la cabeza. Tenía los ojos tan llenos de sangre que no podía ver ni gota y se da cuenta de que de nada le sirve defenderse: clama merced a mi señor Galván, a lo que éste le responde que en vano lo pide si no se declara vencido o cobarde, «pues de otro modo yo no podría hacerlo salvando mi honor».
—Ah, noble caballero —contesta Segurades—, vos sois el mejor caballero de cuantos existen. ¿Quién tendrá compasión si no la tiene el más valiente de los caballeros que hay en el mundo? No permitáis que yo diga una sola palabra que pueda deshonrarme, pero, por Dios y por piedad, habladle de mí a mi dama, con lo que habréis hecho una gran obra.