Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Él le responde que asà lo hará con mucho gusto. Se le pidió a la dama que acudiera y ella se presentó tan contenta que más era imposible. Al ver a mi señor Galván, se deja caer a sus pies y empieza a besarle las mallas de las calzas que recubrÃan sus piernas, diciendo:
—Ay, señor, bendita sea la hora en que nacisteis, pues me habéis devuelto mi gran alegrÃa.
Mi señor Galván la levanta y le dice:
—Señora, este caballero os pide que tengáis compasión, y bien podéis ver en qué estado se encuentra.
—Señor, haced con él lo que os parezca, que yo no haré nada.
—Señora, en absoluto, pues la querella no me afectaba a mÃ, sino que yo he sido vuestro caballero, e intercedo por él. Sabed que es uno de los hombres más valientes que he visto en mi vida: no permitáis que se humille ante vos.
—Señor —le contesta la dama—, sois vos quien debe decidir, pues vos lo habéis vencido y, si Dios lo permite, no me meteré por medio: cuanto vos digáis, yo lo mantendré.
—Señora, si quiere entregarse a vuestra merced, os aconsejo que lo aceptéis sin más.