Historia de Lanzarote del Lago

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Entonces ella dice que Dios no le vuelva a ayudar si Héctor va con su permiso o con su aceptación. Cuando el enano oye tales palabras siente un miedo tan grande que por poco no se desmaya; vuelve ante la reina y le dice que no encuentra ningún remedio.

—Señora —dice la dama de Roestoc—, yo ya lo sabía: es la criatura más desleal de cuantas han nacido.

—No os preocupéis —dice la reina—, haré que pague cara su felonía.

Y añade en voz baja:

—No os iréis mañana; esta noche le diréis a vuestra mesnada que os he rogado con insistencia que os quedéis: me vengaré de ella tal como oiréis.

La dama regresó a su alojamiento, y por la noche le dijo a su mesnada lo que la reina le había dicho, «pero no me quedaré». La mañana siguiente acudió a la corte y la reina, ante todos, le rogó que se quedara, pero la dama de Roestoc le contesta que no puede ser. Se ponen en pie y van a ver al rey, que les sale al encuentro, le da la mano a la dama, a la vez que la reina lleva de la mano a la amiga de Héctor, a la que le dice:

—Si no me ayudáis a engañar a nuestra señora, jamás tendréis mi amor.

—Señora, ¿cómo?


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