Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —¿Sabéis qué me habéis concedido?, pregunta la reina a la dama. Que el enano quede libre de vuestra animadversión y odio, y de lo que le pedÃais que hiciera por el caballero que venció a Segurades. Y vos —se dirige ahora a la doncella—, me habéis prometido que le rogaréis a Héctor que vaya en busca del caballero, hasta que lo encuentre; le insistiréis hasta que vaya.
Al oÃrlo siente tal espanto que durante un buen rato no puede decir palabra, pero todos los que lo habÃan oÃdo estaban contentos, sobre todo la dama de Roestoc. Cuando la doncella puede hablar, dice:
—Ay, señora reina, ciertamente no hay tanta bondad en vos como se afirma y es poco lo que habéis ganado ahora engañando a una doncella; sin embargo, no me habéis engañado completamente; que Dios no me ayude a partir del dÃa en que se lo ruegue; no le suplicaré que se vaya ni aun por todos los santos de esta capilla, antes bien, me dejarÃa descuartizar viva.
—Verdaderamente —contesta la reina—, creo que no serÃais sobrina del enano, si no fuerais más traidora y despiadada que ninguna otra mujer. Tened por seguro que mientras que no cumpláis con vuestra promesa, no recibiréis ninguna posesión de manos del rey, o de esta dama.
—Señora —le responde—, no haré otra cosa, de forma que nunca tendré posesiones, pues no pienso cumplir la promesa de aquà al dÃa del Juicio.