Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —¡Ay —dice Héctor—, por Dios! Id a ella y pedidle que permita que yo vaya, pues irÃa sin que me lo ordenaran para evitar que ella perdiera su tierra, si supiera que no incurrirÃa en su odio. Os ruego por vuestro prestigio y por el suyo, que se lo supliquéis, igual que yo le pediré que me lo permita, ya que asà lo desea la reina. Pienso que ella misma me rogará que vaya, pues yo quiero ir.
El enano le responde que poco falta para que ambos se le arrojen a los pies, «pero sé que es tan traidora, que se negará a permitÃroslo, pues ya antes se negó».
—Lo intentaremos —contesta Héctor.
Con esto, llegan ambos al alojamiento de la doncella, y se arrodillan ante el lecho en el que estaba acostada. Le ruegan por Dios que permita a Héctor ir en busca del caballero.
—Dime —le pregunta al enano—, ¿por eso hiciste que me engañara la reina? No conseguiréis vuestros deseos, y que Dios no me preste su ayuda el dÃa en que Héctor se vaya con mi consentimiento, gracias a mis súplicas o a mis órdenes; si va sin mi consentimiento, que tenga por seguro que no me volverá a ver viva, y si me ve, no seré suya.