Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mi señor Galván le responde que bien puede ser así, y que es una cosa muy fea que un hombre valiente sea orgulloso y de malas maneras, pues de ahí derivan todas las desgracias. Agravaín era en su tiempo uno de los caballeros más orgullosos y con menos compasión.
Cuando le trajeron el caballo, mi señor Galván se despidió, montó y colgó del arzón de la silla la espada que la doncella le debía haber llevado; luego, se marcha. La doncella que hizo que fuera allí, también montó y lo acompañó hasta el lugar desde el que lo había traído; después, lo encomendó a Dios, que le evite todo mal, y él pide lo mismo para ella.