Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —¡Ay, señor caballero! Ya recurriremos a las espadas en su momento, y lo haremos bien y suficientemente, pero no hay mejor muestra del valor caballeresco que la de las justas por la fe que le debéis a la cosa del mundo que más queráis, justemos con esas lanzas que veis ahÃ, hasta que uno de nosotros caiga o hasta que estén todas rotas.
Mi señor Galván le contesta que tardarÃa demasiado y que tiene que ir a otro lugar.
—Por la fe que le debéis a Dios, hacedlo. Él lo otorga. Se acercan ambos al poste y toman la lanza que les parece bien. Vuelven a chocar y rompen de nuevo las lanzas sin detenerse; y a cada golpe el caballero intenta alcanzar a mi señor Galván bajo la gola, y de este modo llegan a la quinta justa. Entonces, mi señor Galván se aleja por la landa la distancia del tiro de una piedra pequeña, pica espuelas y va tan deprisa que saltan chispas. Se golpean con toda la fuerza de los caballos, alcanzándose con tal vigor, que las lanzas se quiebran y se hacen pedazos hasta las empuñaduras. Al cruzarse, mi señor Galván le golpea con el cuerpo, con el escudo y con el yelmo tan duramente que le parece que los ojos le van a saltar de la cabeza; lo arranca del arzón y lo lleva al suelo por encima de la grupa del caballo, de forma que las dos riendas le quedan en el puño izquierdo, y al caer se le rompe el brazo dentro del escudo, y se desmaya.