Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Así se comportan hasta pasado mediodía; entonces, Héctor recobró el aliento y sintió gran vergüenza por haberse permitido estar tanto tiempo sin realizar hazañas: ataca de nuevo a Marganor con mucho ímpetu y le golpea sin cesar, hiriéndole y debilitándole tanto que le entra un gran miedo; apenas puede hacer otra cosa que soportar los golpes, porque ha perdido mucha sangre y le parece que Héctor está más fuerte y más ágil que al principio; lo siente de corazón y desearía encontrarse en una dificultad mayor a cambio de no haber empezado la batalla; ya se encontraba muy débil, y entonces le dice:
—Señor caballero, sois un caballero muy bueno, y os aprecio mucho; nuestro enfrentamiento ha comenzado por una cosa de escasa importancia y sería una gran calamidad que cualquiera de nosotros dos muriera. No os causaré ninguna afrenta perdonándoos, si lo dejamos: prefiero haber perdido a mis hombres, a daros muerte en combate. Me gustaría saber vuestro nombre.
Héctor le responde que no dejará así el combate, «pues seré afrentado si no os dais por vencido».
—En modo alguno me daré por vencido, si Dios quiere. Y ya que habéis rechazado el honor que os ofrecía, reemprenderé el combate, y a quien Dios le dé el honor, que se quede con él.