Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Le ataca de nuevo, y la batalla duró mucho tiempo, hasta que Héctor siente gran pesar y gran vergüenza porque estaba durando tanto, porque pensaba que tenÃa que hacer más en su búsqueda de lo que estaba haciendo: le parece que de mala forma llevará a cabo sus propósitos. Entonces le ataca con gran rapidez, le da grandes tajos con la espada en los sitios que ve que está más débil, y le hiere gravemente. Marganor se cubre con lo que le queda de escudo y cede terreno con cada golpe, yendo hacia donde encuentra sitio. Héctor lo lleva por donde quiere, y todos se dan cuenta de que el otro lleva la peor parte. Héctor le acosa, dándole un gran tajo sobre el yelmo; vuelve a levantar la espada y con toda su fuerza repite el golpe, de forma que se lo rompe y le hunde casi la mitad de la espada, con tanta violencia que le hace hincar una rodilla en el suelo. Saca otra vez la espada con tanta fuerza que poco faltó para que Marganor tuviera que apoyar las palmas de las dos manos en tierra, y tarda mucho en ponerse en pie. Héctor lo sujeta por el yelmo e intenta tirarlo al suelo, pero se le queda el yelmo en la mano: lo levanta y lo arroja al pantano lo más lejos que puede. Después, salta sobre Marganor, que se cubre lo mejor que es capaz: Héctor le dice que se dé por vencido, porque le ha derrotado uno mejor que él, y que no intente defenderse. Marganor le responde que no se dará por vencido, «pues estoy más fuerte que hace un rato, y el yelmo sólo me estorbaba, dándome mucho calor».