Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Se encomiendan a Dios. Héctor corre a donde habÃa oÃdo los grandes gritos y cabalga atravesando a lo largo el bosque que antes habÃan pasado a lo ancho; oye sin cesar los gritos delante, y en todo momento le parece que están muy cerca, y asà recorre dos leguas inglesas. Cuando llega a otra llanura, ve una gran cantidad de gente, que llevan unas parihuelas entre amargos gritos y llantos. Galopa tras ellos hasta dar alcance a un enano que cabalgaba sobre un flaco rocÃn, que no podÃa ir más que al paso. Héctor llega a su lado y le pregunta qué le ocurre a aquellas gentes, pero el enano no responde una palabra, sino que le muestra su fea cara. Héctor le vuelve a preguntar por qué lloran, y no le contesta. Le pregunta por tercera vez, sin tener una respuesta.
—Eres —le dice al enano— un felón orgulloso, que no me quieres contestar a lo que te pregunto. Poco falta para que te dé una bofetada.
—Por Dios —le responde—, golpéame y te diré por qué lloran esas gentes; si no es asÃ, no te lo diré.
—Que te golpeen los diablos, pues yo no pienso hacerlo. DÃmelo y obrarás como prudente.
—Mala vergüenza me dé Dios, si te lo digo a cambio de nada.
—Te daré lo que quieras, dÃmelo.
—Te lo diré a condición de que me golpees después.