Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —No ha sido asÃ, sino que me lo traje con derecho, pues no se debe ninguna fidelidad ni lealtad a un asesino, y, eso es lo que vos sois. Señor —continúa hablando el anciano—, es él quien mató a Maltaillié, vuestro hijo, asesinándolo y de forma desleal.
Al oÃr tales palabras, Héctor siente un gran dolor y gran vergüenza; desenvaina la espada y corre al escudero, golpeándole en medio de la cabeza, y se la parte hasta los hombros. Tras hacer esto, salta hacia atrás y ve en un extremo de la torre un escudo que está colgado de un gancho: da un tajo con la espada y corta la correa, de modo que el escudo cae y él lo coge, defendiéndose can gran valentÃa frente a los que le atacan. El señor, que era anciano, siente una gran compasión, pues Héctor estaba muy herido desde antes de entrar allÃ; se pone en pie, levantándose del trono en el que estaba sentado, se dirige a Héctor, le dice que se espere un momento y ordena a sus gentes que se retiren, y asà lo hacen. El señor le pide a Héctor que se rinda, a lo que éste le responde:
—Señor, ¿cómo me voy a rendir?
—Entregándoos a mi merced.
—Por Dios, no lo haré en modo alguno, pues ignoro cómo será vuestra merced, pero me rendiré a condición de que me permitáis defender la rectitud de mi acción ante los que intentan probar que asesiné a vuestro hijo, o que lo maté a traición.