Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago En ese momento, intentan sujetarlo entre los otros tres. Como no sabe con qué defenderse, saca del carcaj las flechas y se las arroja con deseos de matarlos; las esquivan y huyen como pueden, y uno escapa corriendo a lo más espeso del bosque. El niño toma el caballo de uno de los tres servidores del maestro, monta y se va así, llevándose sus dos perros, uno delante y otro detrás, y de tal forma llegó a un gran valle. Vio entonces un rebaño de corzos que pastaban; fue a tomar el arco, pensando que aún lo tenía al cuello, y entonces recuerda que lo había roto en la cabeza de su maestro. Se encoleriza y jura, airado, que si encuentra a su maestro, le hará pagar muy caro el haber perdido por su culpa uno de los corzos, que sin duda lo hubiera alcanzado, pues tiene el mejor lebrel y el mejor braco del mundo.
Entristecido, cabalga hasta llegar al lago; entra en el patio pasando por la puerta, desmonta y va a enseñarle a la dama el lebrel, que era muy bello. Cuando llegó a su presencia se encontró con su maestro, lleno de sangre, que ya se había quejado. Saluda a la dama y ella le devuelve el saludo con todo el amor con que se puede amar a un niño que no es de la propia carne, aunque hace como si estuviera enfadada, y le dice:
—Hijo de rey, ¿por qué habéis ultrajado, golpeado y herido al que os di por maestro y guía?