Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Al oírlo, mi señor Galván le abraza, armado como estaba, mostrándole una gran alegría. Mientras que se saludaban de esta forma, las gentes de Norgales se habían recobrado un poco y volvían a estar por encima de los hombres del duque. Giflete se da cuenta y le dice a mi señor Galván:
—Mirad, señor, qué mal nos va porque no estáis en el combate; pero tan pronto como volváis a él, serán derrotados los que ahora se recuperan. Quiera Dios que no encuentren refugio en el que se puedan cobijar, pues no logrará escapar uno que no sea hecho prisionero.
A continuación, regresan al combate ambos picando espuelas, con las espadas desenvainadas, con bastantes más deseos que antes de hacer lo mejor: podéis decir que no alcanzaban caballero en su recorrido que pudiera resistirles, y tenían espadas tan buenas, que no había arma que pudiera soportar sus tajos. Hacen tales proezas los dos, que todos los que los ven se admiran, y los suyos, que estaban derrotados hacía un momento, recuperan el valor y el ímpetu; las gentes del rey sienten tanto miedo, que no se atreven a permanecer allí durante más tiempo, vuelven la espalda y se inicia la persecución, a rienda suelta y galope tendido. Los persiguen picando espuelas: en la persecución cayó un sobrino del rey; el duque fue a él y, tras matarlo, dijo:
«Eso ha sido por mi hijo, al que él me le había dado muerte».