Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señor, no ha encontrado a ningún caballero, por muy amigo suyo que fuera, que se atreviera a llevar armas contra el senescal, que es muy valiente y muy buen caballero. La cosa ha ido ya tan lejos, que el senescal ha conseguido la muerte de mi señor, por envidia de que el duque lo quiso y lo creyó en todo, y —así ayude Dios a mi alma—, siempre le sirvió con lealtad, y pienso que hubiera preferido que muriera su hijo y el mío en vez del hijo de mi señor el duque.
Entonces, mi señor Galván, dirigiéndose al muchacho, le pregunta por qué va a ser juzgado mañana.
—Señor, ayer, cuando las gentes del rey de Norgales fueron derrotadas, fue el senescal al duque y le dijo que si no le hacía justicia, no seguiría en su casa. El duque le respondió que lo haría con mucho gusto, y le pidió que le dijera el asunto. El senescal contestó que se refería a su traidor, al que tenía en casa como si fuera un hijo, habiéndose merecido ser ahorcado, como traidor. De este modo quedó emplazado para mañana por la mañana.
—Si tuviera a alguien que combatiera por él, ¿le serviría de algo?
—Por Dios, el duque dijo que si entre hoy y mañana no encuentra a nadie que le defienda, será entregado a la muerte. Mi señor no puede hacer nada, y tampoco puede llevar armas debido a su vejez.