La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Por mi fe, vuestra madre se encontró tan apenada por vuestra marcha que el mismo día, tan pronto como se confesó, murió.
—Que Dios tenga compasión de su alma, pues ciertamente esto lo siento mucho, pero ya que ha ocurrido así, no queda más remedio que soportarlo, pues así terminaremos todos. Ciertamente no tuve más noticias, pero del caballero por el que pregunto, por Dios, ¿sabéis quién es y si es el que vino a la corte con armas rojas?
—Sí —contesta—, por mi cabeza, y fue con justicia; os contaré qué sentido tenía.
»Bien sabéis que desde la llegada de Jesucristo hubo tres mesas principales en el mundo. La primera fue la mesa de Jesucristo, donde los Apóstoles comieron varias veces, era la mesa que sostenía los cuerpos y las almas de la comida del Cielo; en esa mesa se sentaron los hermanos que tenían una misma cosa en el cuerpo y en el alma, y David el profeta dijo en su libro unas palabras maravillosas de ellos: “Es una cosa muy buena cuando los hermanos viven juntos con una misma voluntad y un solo objetivo”. Gracias a los hermanos que se sentaron en esta mesa hubo paz, concordia y paciencia, y todas las buenas obras se pudieron ver en ellos. En esta mesa se estableció el cordero sin mancha, que fue sacrificado para nuestra redención.