La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Así le ocurrió a Galván, pero a Héctor le sucedió una visión completamente distinta, pues le parecía que él y Lanzarote descendían de un trono para cabalgar sobre dos grandes caballos y decían: «Vamos a buscar a aquel que no encontraremos». Entonces se separaban y erraban muchas jornadas, hasta que Lanzarote caía de su caballo y lo derribaba un hombre que le quitaba todo y, cuando lo había despojado, le ponía una túnica que estaba llena de remiendos y lo montaba sobre un asno; una vez montado, cabalgaba mucho tiempo, hasta que llegaba a una fuente, la más hermosa que nunca se vio; cuando descendía para beber, la fuente desaparecía, de manera que no la conseguía ver. Al darse cuenta de que no podría beber, volvía por donde había venido. Héctor, que en ningún momento se había movido, erraba tan enfurecido de un lado a otro que llegaba a la casa de un hombre rico que estaba celebrando las nupcias con un gran banquete: llamaba a la puerta y decía: «Abrid, abrid». El señor avanzaba y le decía: «Señor caballero, buscad otro alojamiento distinto que éste, pues aquí no entra nadie que vaya montado tan alto como vos vais». Entonces se alejaba y, sintiéndolo mucho, volvía al trono que había dejado.