La canción de Rolando
La canción de Rolando —¡BIEN SE merece el odio Rolando —dice Blancandrín—, pues ambiciona someter a su dominio a todas las naciones y pretende apoderarse de todas las tierras! Mas ¿quiénes habrán de respaldarlo en tales empresas?
—¡Los franceses! Tanto lo aman que jamás podrán abandonarlo. Les da oro y plata en abundancia, mulas y corceles, telas de seda y armaduras. Al mismo emperador le regala cuanto desea: habrá de conquistarle estas tierras hasta Oriente.
TANTO cabalgaron juntos Ganelón y Blancandrín que llegan a hacerse una promesa mutua, jurando cumplirla sobre su fe: buscar el modo de que muera Rolando. Tanto cabalgaron por caminos y senderos que pusieron finalmente pie a tierra en Zaragoza, bajo un tejo. A la sombra de un pino se alza un trono, cubierto de seda de Alejandría. Ahí se sienta el rey que tiene a toda España bajo su dominio, rodeado de veinte mil sarracenos. Todos guardan silencio, ansiosos por escuchar las nuevas. Y he aquí que se aproximan Ganelón y Blancandrín.
BLANCANDRÍN se presenta ante Marsil; lleva de la mano al conde Ganelón. Dice, dirigiéndose al rey:
