La canción de Rolando
La canción de Rolando —Muy bella eres, y muy clara. ¡No en vano te llevé tan largo tiempo en la real corte! No habrá de decir el emperador de Francia que sucumbà solo en tierra extraña sin que los más valientes te hayan comprado a tu precio.
—¡Impidamos el combate! —dicen los infieles.
TANTOS han sido los ruegos de los más ilustres sarracenos que Marsil ha vuelto a sentarse en su trono. Dice el califa:
—Nos hubierais dejado en mala postura, pretendiendo herir al francés; más os valÃa escuchar y comprender.
—Señor —dice Ganelón—, son éstas cosas que debo por fuerza soportar. Pero no dejarÃa de trasmitiros, por todo el oro que hizo Dios, y por todas las riquezas de este paÃs, lo que Carlos, el poderoso rey, os manda decir por mi boca, si es que me dais lugar, considerándoos como a mortal enemigo.
Lo cubre un manto de marta cebellina, forrado de seda de AlejandrÃa. Lo hace a un lado y BlancandrÃn lo recibe en sus manos; mas se guarda muy bien de soltar su espada. En su puño derecho, la mantiene sujeta por el dorado pomo. Y dicen los infieles:
—¡Es noble barón!
Ganelón avanza hacia el rey y le dice:
