La Perla numero 11
La Perla numero 11 —AsÃ. Verás como no te hará ningún daño. Estoy seguro de ello.
Dicho esto lo dirigió hacia el interior y me lo metió con un firme empujón.
—¡Ay, Mr. T.! ¡Sáquemela! ¡Me lastima! ¡Me aseguró que no me iba a hacer ningún daño!
Pero él no dejaba de empujar con fuerza creciente. Al fin algo cedió en mi interior, pues sentà toda su polla dentro de mÃ. Primero me asusté, hasta el punto de que casi me quedé sin aliento, pero cuando comenzó a sacar y a meter el pollón, y la sentà rozarme con él, del modo más delicioso, los pliegues de mi coño, el miedo se cambió en arrebatado gusto. Me estremecà y salà al encuentro de sus embestidas.
—AsÃ, querida. ¿Y ahora qué te parece?
—Ahora me gusta, es muy agradable.
—Entonces, dime su nombre.
Murmuré:
—Polla.
—Dilo en voz alta.
—¡Polla!
—Y lo tuyo, ¿cómo se llama?
—Coño.
—¿Y lo que estamos haciendo?
—Follar.