La Perla numero 11
La Perla numero 11 En este momento los dos chicos se echaron en la cama y empezaron a tocarse los nabos y a besarse en la boca, chupándose las lenguas y abrazándose de la forma más amorosa, hasta que yo llegué a creer que en cualquier momento se correrÃan, pero de pronto se detuvieron; todos oÃmos pisadlas fuera, la puerta giró sobre sus bisagras y su señorÃa apareció con una gran lámpara de mesa en la mano.
—No tengáis tanta prisa, pÃcaros cachondos —exclamó—, me parece que ya os habéis divertido de lo lindo. Si fuera asÃ, jodidos bujarrones... —silbó entre sus dientes, de una manera sugerente y terrible, que pareció casi aterrorizar a los chicos, que palidecieron ligeramente un instante y luego se sonrojaron muchÃsimo.
Reuben fue el primero en contestar:
—¡Oh, no, mi señor, somos muy cuidadosos! Will sólo me hablaba de su amor y cuán gozarÃais viéndole joderme.
—¡Bravo! Y asà será, queridos mÃos, y yo os chuparé vuestras queridas pollas y veré si me habéis engañado.