Las mil y una noches segun Galland
Las mil y una noches segun Galland La madre de Aladino tomó la lámpara y dijo a su hijo: «Aquí la tienes; pero está muy sucia; por poco que la limpie, creo que valdrá algo más.» Tomó agua y un poco de arena fina para limpiarla; pero apenas hubo comenzado a frotar la lámpara cuando, súbitamente, en presencia de su hijo, un genio horrendo y de gigantesco tamaño se elevó y apareció delante de ella, y le dijo con voz tonante: ¿Qué quieres? Heme aquí listo a obedecerte como esclavo tuyo y de todos aquellos que tienen la lámpara en la mano, yo y los otros esclavos de la lámpara.
La madre de Aladino no estaba en condiciones de responder: sus ojos no habían podido sostener la visión horrenda y espantosa del genio; y su terror había sido tan grande desde las primeras palabras que había pronunciado aquél, que se había desmayado.
Aladino, que había ya tenido una aparición más o menos semejante en la cueva, sin perder tiempo ni el juicio, agarró en seguida la lámpara y, supliendo a su madre, respondió por ella con tono firme: «Tengo hambre, tráeme algo de comer.» El genio desapareció y, un instante después, volvió cargado con una gran fuente de plata sobre la cabeza, con doce platos del mismo metal llenos de excelentes manjares, con seis grandes panes blancos como la nieve, dos botellas de vino exquisito y dos tazas de plata en la mano. Colocó todo sobre el sofá y, al punto, desapareció.