Las mil y una noches segun Galland
Las mil y una noches segun Galland —Hermano, debes comprender que tu oferta no guarda proporción con la fineza que esperas de mÃ. Puedo no hablarte más del tesoro y guardar mi secreto. Pero te quiero bien y te haré una proposición más cabal. Iremos a la montaña del tesoro y cargaremos los ochenta camellos; me darás cuarenta y te quedarás con otros cuarenta, y luego nos separaremos, tomando cada cual su camino.
Esta proposición razonable me pareció durÃsima, veÃa como un quebranto la pérdida de los cuarenta camellos y me escandalizaba que el derviche, un hombre harapiento, fuera no menos rico que yo. AccedÃ, sin embargo, para no arrepentirme hasta la muerte de haber perdido esa ocasión.
Reunà los camellos y nos encaminamos a un valle rodeado de montañas altÃsimas, en el que entramos por un desfiladero tan estrecho que sólo un camello podÃa pasar de frente.
El derviche hizo un haz de leña con las ramas secas que recogió en el valle, lo encendió por medio de unos polvos aromáticos, pronunció palabras incomprensibles, y vimos, a través de la humareda, que se abrÃa la montaña y que habÃa un palacio en el centro. Entramos, y lo primero que se ofreció a mi vista deslumbrada fueron unos montones de oro sobre los que se arrojó mi codicia como el águila sobre la presa, y empecé a llenar las bolsas que llevaba.
