Las mil y una noches segun Galland

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La madre de Aladino se quedó estupefacta ante el discurso de su hijo y la aparición del genio. «Pero hijo mío», replicó, «¿qué quieres decir con tus genios? Nunca, desde que estoy en el mundo, he oído decir que nadie de mi conocimiento haya visto uno de ellos. ¿Por qué azar se ha presentado ante mí ese horrible genio? ¿Por qué se ha dirigido a mí y no a ti, a quien ya se había aparecido en la cueva del tesoro?». «Madre mía», respondió Aladino, «el genio que acaba de aparecérsete no es el mismo que se me apareció a mí: se parecen de alguna manera en su estatura gigantesca; pero son completamente diferentes en cuanto al semblante y al vestido: tienen también diferentes amos. Recuerda que el que yo vi se dijo esclavo del anillo que llevaba en el dedo, y el que tú acabas de ver se ha dicho esclavo de la lámpara que tenías en la mano. Pero no creo que lo hayas oído: me parece, en efecto, que te desmayaste en cuanto empezó a hablar.»

«¿Cómo?», exclamó la madre de Aladino, «¿ha sido, pues, tu lámpara la causa de que ese maldito genio se haya dirigido a mí en vez de a ti? ¡Ah, hijo mío! Quítala de mi vista y ponla donde te plazca, que no quiero volver a tocarla. Prefiero que la tires o la vendas a correr el riesgo de morir de espanto al tocarla. Si me haces caso, te desharás también del anillo. No se debe tener trato con genios: son demonios, lo ha dicho nuestro profeta.»


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