Las mil y una noches segun Galland
Las mil y una noches segun Galland Aladino agradeció mucho al orfebre el buen consejo que acababa de darle y del que había ya obtenido una tan gran ventaja. En lo sucesivo, no se dirigió más que a él para venderle los demás platos, lo mismo que la fuente, cuyo justo valor le fue siempre pagado en proporción a su peso. Aunque Aladino y su madre poseyesen un manantial inagotable de dinero en su lámpara, ya que podían procurarse tanto como quisieran cuando comenzaba a faltarles, continuaron no obstante viviendo siempre con la misma frugalidad que antes, a excepción de lo que Aladino apartaba para vestirse decentemente y proveerse de las comodidades necesarias en su vida cotidiana. Su madre, por su parte, no gastaba para sus vestidos más que la ganancia que le proporcionaba el hilado de algodón. Con un tren de vida tan sobrio es fácil inferir cuanto tiempo les duró el dinero de los doce platos y de la fuente, al precio pagado a Aladino por el orfebre. Así vivieron durante algunos años, con la ayuda del buen uso que Aladino hacía de la lámpara de cuando en cuando.