Las mil y una noches
Las mil y una noches —No —respondieron otras.
—Pues bien —continuó la primera—, es una persona caritativa que abandonó la ciudad en que vivÃa con objeto de curar a uno de sus vecinos de la envidia que le devoraba el alma. El envidioso, lleno de ira al saber la justa estimación de que su rival goza en este paÃs, vino a él para darle muerte, lo cual hubiese conseguido a no ser por el auxilio que hemos prestado a ese excelente hombre. Su fama es tan grande, que el Sultán debe llegar mañana para recomendarle a su hija, que está poseÃda de espÃritus malignos.
—¿Y qué es lo que hará el derviche para librar de ellos a la Princesa?
—Voy a decÃroslo —replicó la primera voz—. Hay en el convento un gato negro con una pequeña mancha blanca en la cola. Si se arrancan siete pelos blancos y después de quemarlos se perfuma con su olor la cabeza de la joven, ésta se verá para siempre libre del mal.