Las mil y una noches
Las mil y una noches La tripulación cambió de color, y el piloto, pálido como un difunto, exclamó:
—¡Ah, señor, estamos perdidos y no hay poder humano capaz de salvarnos! Eso que ha visto el vigÃa es la Montaña Negra, compuesta toda de un imán que atrae a los barcos a causa del mucho herraje de que constan sus piezas. La fuerza del imán será mañana tan terrible que todos los clavos se saldrán de su sitio y nos iremos a pique sin remedio. Como el imán tiene la virtud de atraer al hierro, fortificándose por medio de él, la montaña está cubierta de clavos por el lado de la costa, procedentes de los millares de buques que han perecido en estas aguas.
La montaña, prosiguió el piloto, es muy escarpada, y en la cima hay una cúpula de bronce, sostenida por columnas del mismo metal, y sobre todo un caballo, también de bronce, montado por un caballero con un peto de plomo, en el cual se ven grabados signos cabalÃsticos. Dice la tradición que esa estatua es causa de la pérdida de tantos buques y tantas criaturas como han perecido aquÃ, y añade que no cesará de ser funesta hasta ser derribada del sitio que ocupa.
El piloto y la tripulación rompieron en amargo llanto, y cada cual hizo sus últimas disposiciones, preparándose a la muerte que nos aguardaba.